Muchas veces he pensado que existen diferencias insalvables entre lo que el ciudadano de a pie quiere y el político hace para conseguirlo. Al fin y al cabo, nuestros intereses suelen ser bien simples: no endeudarnos con el puñetero euribor hasta las cejas, infraestructuras adecuadas, sanidad no colapsada, un país que siga siéndolo, y así un largo etcetera; el político, y más el cutre que no sabe ni sumar dos más dos, lo único que le importa es seguir estando en su sillón e interesarse por temas que no alimentan a nadie pero que sí pagamos todos.
Un caso es el acontecido esta semana en Cataluña, tierra de demócratas ilustres. Los políticos, para hacer la foto de turno, han hecho reconstruir un túnel de una obra finalizada antes de tiempo para hacerse la gran foto. Trescientos mil euros y trabajadores que han arriesgado su vida trabajando a destajo para que estos mindunguis sean portada de periódico.
Pero ya el despropósito es cuando leo que no se qué comisión del congreso quiere sacar una proposición de ley para...¡Que se le reconozca la copa de la Republica al Levante en 1937! Si hay algún seguidor de este equipo aquí presente que me perdone pero creo que no merecemos una clase política que gaste su tiempo, nuestro dinero e intereses en semejantes gilipolleces supinas.
Considerando que, un mileurista puede dar la mitad de su sueldo bruto anual a papá estado para que éste gestione lo que le dé la gana, cómo le dé la gana y para semejantes insultos a la inteligencia personal de cada uno, a una no le queda el cuerpo para ninguna alegría después de escuchar o leer las noticias.
O nos dan por tontos, o lo somos realmente.

